sábado, 6 de febrero de 2010

el inmenso poder de las palabras

En la medida que me pasan los días, voy descubriendo pequeños detalles que hacen grande la vida.Ultima mente, me he dado cuenta del inmenso poder de las palabras. Lo afortunados que somos, al poder comunicar nos y poder expresar lo que sentimos. Son un camino en dos direcciones que nos dejan relacionar nos e intercambiar pensamientos y que una vez utilizados, al separarnos, no nos dejan indiferentes, pues algo ha cambiado en nosotros. Los caminos nos permiten ir y volver. Cuando vas, todo está lleno de cosas nuevas, descubrimientos que nos abren los sentidos, que nos hacen ver nuevas realidades, que al fin y al cabo, no son más que partes de esa realidad total a descubrir. La vuelta te convierte en un ser diferente, más sabio, es como el retorno de Ulises a su Itaca querida. Ya todo no será como antes, y sin embargo, con viviremos con las mismas cosas.
Las palabras son poderosas, porque pueden ser fuente de crecimiento y consuelo, o de sufrimiento y desdicha.
Quién las dice, importan para quién las escucha.
Quién las recibe, puede quedar influenciado por ellas de forma sabia o peligrosa.
Hablamos demasiado, sin dar importancia al maravilloso mundo de las palabras, lenguaje seguramente solo de dioses, que ahora compartimos de forma cotidiana, sin apenas darnos cuenta de su inmenso valor. Las mejores palabras, salen del silencio, del pensamiento reflexivo y después, del corazón. Es esa, la comunicación pacifica, la que abrirá nuevas ventanas a la vida.
Lo que está claro y limpio con las palabras, lo estará también en la vida de la persona que así las utilizan. Por lo tanto, es conveniente utilizarlas bien ya que pueden suministrar dolor cuando aparecen en momentos irreflexivos, sin pensar, de forma apresurada, o pueden ser como un bálsamo que cure heridas, cuando salen del corazón y se visten de colores hacía los demás.
Es entonces cuando las palabras ejercen la función para lo que han sido creadas. La verdadera comunicación que nos permite, crecer, conocernos y conocer mejor a los demás. Pensemos, que las palabras son como la flecha, ya nunca volverán al arco de donde han salido.
Jodorowsky, decía que la mejor forma de hablar, sería pintándose la boca de azul y de miel, para que de ella solo salieran palabras azules, como el buen cielo y el buen mar, y dulces como la miel... Las palabras, viven en nosotros y nos construyen y así vamos formándonos.
Me doy cuenta, que las palabras son una forma de energía vital que podemos poner al servicio de la vida o en su contra. Cuando nuestro interior, ha aprendido a estar sereno, sosegado, nuestro comporta miento será reflejo de ese interior y por lo tanto las palabras afloraran llenas de serenidad que nos ayudaran a comunicar nos mejor.
El lago, puede reflejar las montañas perfecta mente, cuando apenas, ni una sola onda puede perturbar la superficie del agua. Las palabras, son por lo tanto algo que puede ser dañino y ofensivo, o balsámicas y beneficiosas, que curan y consuelan, que animan y que unen. Por lo que debemos utilizarlas con cuidado y recibirlas de manera que no nos distorsionen, ya que las palabras agresivas e injustas, pueden producirnos gran contaminación emocional. Debemos ser cuidadosos con esas sensaciones y pensar que todo lo que ocurra después, dependerá de nosotros. La vida nos va conformando y más, cuando hay complicidad y voluntad de crecimiento.
La mente es la gran olvidada. Nos peinamos, nos miramos al espejo, revisamos nuestro coche, nos ponemos en forma, pero nos olvidamos de peinar nuestro corazón y nuestra mente, a la que tenemos que cuidar para que no se irrite, y no dejarla a merced de emociones compulsivas.
No olvidemos que la mente es la que nos permite conocer el mundo. Sin querer la mente nos va narrando una historia, que es nuestra realidad, y al final, acabamos identificandonos con la mente y el Yo que lo habita, y acabamos creando un mundo interior que somos nosotros mismos, ante un mundo exterior, neutro, que esta delante de nuestros ojos.
Esto puede ser peligroso, ya que podemos acabar aplastados por las limitaciones que impone la realidad. Pensemos que la luz, no viene de fuera, sino que la luz que ilumina el mundo, es la luz de la conciencia, la de nuestro interior. Es como si viviéramos las cosas en una "belleza oscura" y es en nuestro interior, donde esa belleza recibe toda la luz de nuestra conciencia.
Podemos ver la belleza, escuchar la música de la naturaleza,, tocar las cosas, oler los perfumes más intensos, pero todo está en nosotros y solo lo percibimos cuando nuestro interior está preparado para ello. Cuando esta lleno de compasión y de bondad ante las cosas de la vida, lleno de alegría de sentirse vivo de poder compartir y de SER, esa es la única religión y la que más nos acerca al ser Supremo.
La comunicación pacífica no es fácil, pues nos obliga a un esfuerzo extraordinario para ser mejores personas, en conocernos mejor, pero también produce ventajas increíbles porque es creativa y nos permite expresar el amor y el respeto por nosotros y por los demás.
Por lo tanto, parece mentira, pero el lenguaje cotidiano, nuestra palabras, podrían cambiarnos si fuéramos más reflexivos en su uso ¿Qué pasaría si nos pintáramos la boca de azul y de miel antes de hablar? ¿Qué pasaría si aprendiéramos a escuchar con sabiduría las que recibimos, de quién vienen, que nos quieren decir?
Ocurre también, que hay cosas que no podemos expresar con las palabras, son sentimientos superiores a su poder y es algo, invisible, que nos convierte en mejores seres humanos. ¿Porque como expresar a nuestras hijas el inmenso amor que les tenemos? En nuestros jóvenes corazones, como en el corazón del invierno, vivían ya, palpitantes dos hermosas primaveras, nuestra Laura y nuestra Beatriz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya que la palabra es poderosa, bríndanos la tuyas más a menudo. No nos dejes otro año esperando a leer tus soliloquios!

Un abrazo de oso panda, que imagino, debe ser de las cosas más hermosas que a uno le pueda suceder en la vida.

Tu hija Zirtaeb!