El viernes, almorcé con Rafa. Todo un ritual que comienza antes de las diez, después de poner en orden el trabajo de toda la mañana, con el almuerzo. El mismo bar de pueblo. Tortilla de berenjena y un camarero, Raul que nos regala su sonrisa, siempre. " dos de lo de siempre" . Que nos cuenta cosas de ese Valencia CF, que siempre va regular. Hasta el café, sonrie diciendo " dos cafes del Valencia". Rafa y yo, analizamos las cosas que pasan, opinamos, contamos, nos reimos un poco de todo y disfrutamos de ese bocadillo de los viernes que ya es sagrado para nosostros. Comentamos la loteris del jueves y esperamos con impaciencia que algún día nos toque alguno de los seis numeros que jugamos cada semana.Esto me hace recordar, que durante el día nos suceden muchas cosas, que no nos damos cuenta, y que nos hacen bien. Y lo digo, porque sucede, que hay personas que forman ya parte del paisaje, de lo cotidiano de todos los días. Tiro del hilo, y encuentro recuerdos de esas personas, que nos acompañan en nuestra vida, que sin ser nada de nosotros, nos hacen felices con sus sonrisas y sus palabras amables. Alejandro, el frutero de la calle, es genial, no le gusta la fruta, y sin embargo, la vende bien. Siempre te regala alguna cosa, y te pregunta por todo. ¿ Qué tal estas Kike?. Es muy simpatico y siempre tiene la palabra amable para cada uno y recuerda el nombre de todos. Enrique es el vendedor de la pescaderia de Mercadona, siempre tan atento, aconsejandote lo mejor y explicandote como cocinarlo para que este más bueno. " yo le pongo un poco de...".
En la tienda de ordenadores, estan Jose y Paco, saben de todo y no son caros. Jose es muy picaron, sale de la tienda de vez en cuando a fumarse un cigarrilo y poder ver a las chicas guapas que pasan y a las que premia con algún piropo. En el banco, también, Justo y Antonio, son fantasticos, aconsejandome siempre que es lo que más con interesa hacer. Es fantástico como todos acompañan con su sonrisa y esa pizca de alegría todas las cosas que hacen. ¿ Será ese el secreto de la vida ?. Creo que si, que las cosas cotidianas, como el mismo cuento de los niños por la noche, nos hacen sentirnos bien. Que sin darnos cuenta se crean hilos invisibles que nos unen a los demas y nos convierten el entorno en un lugar más agradable. Cesar ha estado en La India y en Cuba. Mucha miseria, decia Pepe. Pero César dice que no, que ha visto humildad y alegría en las personas, y que le gustó verlo y vivirlo allí. Me encantó ese punto de vista.
Paso, muchos días, cuando dejo a mi hija en su gabinete, por el cementerio donde esta mi padre enterrado, y eso me hace sentirme, también, cercano a la historia de mi vida y otra vez, ese hilo invisible me sujeta a todas las cosas que han formado parte de mi historia.
En la farmacia de enfrente, las chicas son fantásticas. Otra vez la sonrisa forma parte del paisaje y todo lo convierte en más agradable. Personas, sonrisas y palabras amables forman parte de ese
paisaje cotidiano, que a menos nos demos cuenta nos rodea todos los días y nos hace la vida comoda y más llevadera. Es la belleza de lo cotidiano.
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