viernes, 18 de enero de 2008

aquellos años maravillosos

Mi hija esta escribiendo un libro, una bonita historia, cotidiana, llena de encanto. Sin pensarlo, charlando de sus personajes, por un momento, he cerrado los ojos de adulto y he abierto, con ternura, los ojos del corazón del niño que fui un día. Aquel que en sus momentos solitarios era capaz de soñar las historias más increíbles. Embarcarse, en una caja de madera frente a un mar inmenso, que solo era un campo de arroz anegado de agua. Escudriñar, subiendo la hermosa escalera de caracol, la habitación de arriba del despacho de mi padre. Allí, había de todo. Recuerdo un capazo de esparto, lleno de hierbas aromáticas, trozos de su pueblo que guardaba con cariño y que ahora los recuerdo yo también. El cuadro misterioso, de aquel mar en luna llena, con un barco al fondo, y un faro, que le marcaba el camino. Mi querido sol, que llenaba de magníficos y misteriosos rayos toda mi habitación de madrugada, a través de aquellas contraventanas agrietadas por el tiempo y que formaba formas y figuras que me hacían soñar historias maravillosas. El salpicar de la lluvia en las claraboyas. Allí, de bajo, estaba protegido por ellas, nada podía pasarme, y el tiempo transcurría plácido y misterio. Tiempo de pipas y altramuces, que por unas pesetas, llenaban mis bolsillos y las tardes enteras. Cuentos de Aladino volando en su alfombra, entre mina retes y torres altísimas. Lunas llenas para soñar. Héroes y bellas princesas, llenaron de sueños aquel niño que ahora recuerdo con agrado. Los niños están llenos de inocencia y de alegría, de sueños y esperanzas. Fue hermoso haber sido niño.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias porque con tu dosis de perseverancia y paciencia mi libro está adquiriendo forma. Tal vez sin ella, no contaría con ese grado de empeño y entusiasmo que un escritor necesita, más aún en los comienzos. Nuestros sueños van confeccionado las páginas, tus historias van tejiendo la trama. Ý creo que esa ilusión se transmite en cada plabra.

Espero que mi libro te permita ser pequeño de nuevo. Yo en casa todavía puedo sentirme una niña. Gracias...