martes, 18 de diciembre de 2007
he vivido con cuatro hadas...
Mi infancia, son recuerdos de cuatro hadas que me acunaron en sus cálidos brazos. Alas de algodón, que se convirtieron en un magnifico nido, donde crecí con todo su cariño. Una se llamaba Concha, y era el símbolo de la fuerza, de la elegancia, de la belleza, de la educación, de la sensibilidad por las cosas cotidianas. La otra, se llamaba Lola, sus comidas estaban llenas de sabores extraordinarios, sus chocolates riquísimos, meriendas llenas de ternura. La otra se llamaba Rosa, siempre sonreía y estaba cerca de mi. Pero mi preferida, era Cari, de ella aprendí todo un mundo de juegos maravillosos. Casas hechas con telas, mantas voladoras, que a poco cerrabas los ojos podías estar en cualquier parte. Mi compañera de juego. Teníamos una forma de buscarnos secreta, ella llamaba diciendo "el mandarín...", yo respondía donde estuviera "chino". Recuerdo sus manos, sus miradas, sus palabras, sus olores, sus fantasía, con ese niño con gafas, pantalón corto, pelo casi rapado con dos remolinos. Cuanto me habéis querido, cuanto me habéis cuidado, cuan feliz he sido en ese nido cálido, ese insignificante niño os debe tantas cosas hermosas. Siempre recuerdo deciros a cada una, "yo os cuidaré". Ahora ya no estáis conmigo, pero vuestro recuerdo estará siempre en ese corazón que no dejara de recordar que mi infancia son recuerdo de cuatro hadas que me enseñaron un mundo lleno de ilusiones, sonrisas, fantasias y alegrías. Que mas puede pedir un niño...
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